Viaje a Chile: Los cambios que he visto en 16 años visitando ese país.

 

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Hace años, muchos años, quizás por los 40, el Sevilla fue a jugar un partido de fútbol a San Sebastián. Los desplazamientos eran en unos trenes lentísimos que paraban en cada pueblo. O sea que para jugar el domingo, el equipo visitante tuvo que salir desde el viernes. Al llegar a Donosti un aficionado o directivo o vaya usted a saber si era un simple curioso, se acercó a un jugador del Sevilla (no recuerdo bien si era  Campanal) y le preguntó que de dónde veían. El sevillano respondió que desde la Ciudad de la Giralda y el easonense (vean como he llamado a la ciudad vasca: San Sebastian, Donosti y Easo, que los tres nombres sirven) contestó:

-Eso si queda lejos.

Y el andaluz (repito, ¿sería Campanal?) ripostó:

-No señor, Sevilla está donde tiene que estar, lo que queda lejos es San Sebastian.

Cada vez que voy a Chile me digo “esto si queda lejos” y los chilenos que me oyen dirán que no, que Chile está donde tiene que estar, que lo que queda lejos es el resto del mundo. Lo que pasan es que son tan educados y atentos que no me responden. Esta es la primera característica de los chilenos que yo conozco: atentos, amables, callados, poco amigos de las voces alta y escándalos, educados… aunque en honor a la verdad no son muy dados a saludar si no es uno previamente el que da los buenos días o las buenas tardes.

Ya son 14 o 15 las veces que he ido a Chile. Desde el año 2000 que fui en unas navidades de vacaciones con la familia  por el Cono Sur -Chile, Uruguay, Argentina- he regresado muchas veces. Una hija, Claudia, se casó con un chileno, me ha dado tres nietos (y viene el cuarto) y eso es motivo más que suficiente para ir cada vez que se pueda a ese hermoso país. Desde Canarias no es nada fácil, excepto la primera vez en 2004 (¿o 2005?) que fuimos de Tenerife directos a Santiago con Air Madrid, línea aérea que antes de desaparecer hacía esa ruta y por un precio bastante accesible de 550 euros. Pero Air Madrid quebró y ahora hay que pasar previamente por Madrid lo que supone 2 horas 45 minutos más de viaje, espera en Barajas y luego casi 13 horas de Madrid a Santiago (es el vuelo más largo de Iberia sin escalas). Y el precio casi el triple de lo que pagábamos con los amigos de Air Madrid. (Nos pasó lo mismo que para ir de Tenerife a Venezuela; por más de 40 años hubo vuelos directos, pero Iberia dejó de hacer la ruta cuando entró Santa Bárbara con precios especiales, luego la línea venezolana subió los pasajes más que lo que cobraba Iberia en tantos años y al final terminó desapareciendo de este mapa y por ello cada vez que vamos a Venezuela tenemos que ir por Madrid. De menos de 7 horas directos Tenerife-Caracas, pasamos a 2,45 a la capital de España, más escala, más 8 1/2 horas hasta Caracas).

El vuelo hoy en día se sobrelleva bien, ya no es como antes que solo había unas teles colgada en el techo con unas películas que casi no se veían y un color infame. La música era lo único que entretenía, aparte de un buen libro o unos pasatiempos. Hoy cada asiento tiene delante un monitor con un menú de más de 20 películas, algunas de estreno, series de televisión, programas documentales, juegos, etc, además de canales de música. Eso hace que estas 13 horas sean más aguantables.

 

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Al llegar al Aeropuerto Arturo Merino de Santiago Los Carabineros son los encargados de inmigración. En el transcurrir de estos años hemos visto como han aumentado las cabinas de control y ya es relativamente rápido el sellado de pasaportes. Lo de las maletas si es harina de otro costal. Tendrán que hacer algo porque el espacio destinado a la recepción de valijas es pequeño y estrecho y más esta vez que los agentes de aduanas estaban en huelga y aquello era un desbarajuste total. Cientos, miles de personas haciendo colas (con mucho orden y respeto, eso si) para que te revisaran las valijas los pocos agente disponibles. Esta gente es muy quisquillosa, no se te ocurra llevar nada de alimentos, ni una papa o una manzana o un animalito, porque si no lo declaras te cae una multa de las bravas (como debe ser, así protegen sus especies de todo tipo).

En mi primer viaje a Santiago, en 2000 como dije, todo era diferente a hoy en día. No tantos restaurantes y curiosamente no había la cultura del café: al terminar el almuerzo si querías un cafecito lo más que te servían era un sobre de Nescafé con agua caliente. Hoy no, ya hay café en todos lados y de todo tipo, hasta ese horrible de Starbuks o como se escriba, que es la peor cosa del mundo, donde pides un expreso y te ponen una palangana de agua turbia,  por no decir nada del “Café con piernas”, locales especializados en café pero servido por señoritas de muy buen ver con no mucha ropa. En aquellos años solo veías autos (como llama en Chile a los coches o carros) modestos tipo Daewo, Ford Kia, Opel, Citroen, Pegaso. Vehículos más bien pequeños y modestos y de repente alguno de alta gama. Hoy día  no, en cualquier calle, avenida o parking de Mall (como llaman ellos a los centros comerciales) ves Mercedes, Jaguar, Audi, BMW (Bembés en argot chileno), Ferrari, Porsche y camionetas, muchas camionetas, de todas las marcas, de calidad.

En los Mall están las mejores marcas mundiales de todo tipo, las cadenas hoteleras y comerciales que dictan pautas de moda. Bancos internacionales (sobre todo el español Santander que está por todos lados y dueño de los edificios más emblemáticos de Santiago, Viña y Valparaiso, lugares a donde más he ido). También por todos sitios hay grúas, construcciones que me recuerdan a la España hasta 2008 cuando llegó la crisis. Sobre todo en el sector de Las Condes (no Los Condes) he visto en estos años como se han construido cientos de edificios modernísimos de oficina y viviendas, centros comerciales inmensos y complejos residenciales. Edificios bellísimos, de cristales la gran mayoría, y lo que a viviendas se refiere, edificios con varios sótanos de estacionamientos, piscinas, gimnasios, parque infantiles, con calefacción integrada en los pisos (el invierno es muy frío) y aire acondicionado (el verano es muy caliente). En la zona de Providencia, cerca del Consulado de España, hay bellísimas torres, una de ellas de más de 300 metros de altura, la gran Torre Santiago o Costanera Center como muchos la conocen.

Lugares de interés por el centro son el Palacio Presidencial La Moneda, los alrededores del Paseo Ahumada con sus miles de personas caminando de un lado para otro, los cerros Santa Lucía y San Cristóbal, la iglesia San Francisco. Pasear por allí de día (de noche no es muy recomendable en algunas calles) es una gozada: se siente el espíritu del latinoamericano, con su música, sus fritangas, sus vendedores ambulantes, sus chascarrillos, su gente multicolor (aunque afroamericanos no abundan precisamente). El Mercado Central, una estructura de hierro que antes fue la Estación Central, diseñado y construido por el mismo Gustave Eiffel, es visita obligada para comer en sus múltiples restaurantes los mejores mariscos del mundo como dicen los chilenos -con perdón de los gallegos-. Un mes de enero de hace unos años en ese mercado compramos cerezas a un euro el kilo y aquí en Tenerife en el Mercado de Santa Cruz al regreso las encontramos a 23 euros el kilo, la misma cereza chilena (no ganan nada los intermediarios a pesar de los costos de importación). El Barrio Bellavista al pié del Cerro San Cristóbal es también un punto nostálgico y chisposo, con buenísimos restaurantes, tiendas con artesanía chilena, sus estudiantes en la calle en las afuera de la Universidad, la casa de Pablo Neruda (La Chascona, en honor a su mujer Matilde Urrutia). El premio Nóbel chileno, el poeta Neruda, con su comunismo y todo dejó tres casas preciosas y con un mobiliario digno de grande fortunas: una en Bella Vista, la señalada Chascona, la principal en Isla Negra, donde está su tumba junto con su mujer Matilde y la de Valparaiso (la única que nos falta por conocer). (Algún día si tengo ganas les hablaré de Valparaíso en profundidad, una de las ciudades más bonitas y curiosas que he conocido en mi vida y uno de los principales puertos del mundo antes de la construcción del Canal de Panamá).

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En fin, que el crecimiento y modernización de Santiago en lo que yo he visto en estos 16 años en los que he estado yendo continuamente ha sido bárbaro, pero igualmente hay otras cosas, como los precios, que han sufrido escaladas realmente llamativas. Al principio veía que al cambiar euros la vida era mucho más barata en Chile que en España, pero hoy día eso se ha dado la vuelta, por lo menos con lo que se maneja aquí en Tenerife. Un almuerzo para dos personas comiendo sencillo en un buen restaurante no te baja de 40 mil pesos, unos 55 euros, lo que supone más de 25 euros por cabeza. Con esos aquí en Tenerife vas a un buen restaurante y, como se dice en Canarias, “te jartas”. En un japonés bueno en Vitacura pagamos mi esposa y yo 70 mil pesos (unos 100 euros) y quedamos con hambre (por lo menos yo que soy mucho más tragón).

Este almuerzo no lo olvidaré nunca porque estando tranquilamente degustando un “tempura” y unos sushis o como se llame -que no domino aún el nipón-  nos sacudió un terremoto de 6.4 en la escala de Ritcher. De repente todo comenzó a moverse y la gente muy tranquilamente se levantó y se fue al medio de la sala, lejos de unos cristales que había por allí y nos pidieron a nosotros que hiciéramos lo mismo (se dieron cuenta éramos extranjeros). Como medio minuto, creo, duró la tembladera y terminada la misma el mesonero dijo “ya está” y todos tranquilamente volvimos a las respectivas mesas a seguir comiendo. Ya me aclaró alguien que mientras no pase de 7.5 que no me preocupe (esto me hace recordar que en Tenerife hace un par de semanas hubo un sismito de 3,9 y un “valiente” periodista dijo que “temí que la casa se me viniera encima”, jajaja). Así fue, lo aguantamos con tranquilidad. En uno de los viaje anteriores (en 2011 creo)  hubo uno de 6.9 estando en el piso 14 de un edificio. No es lo mismo temblar en las alturas que a nivel de piso. Aquella vez si me asusté de verdad verdad; en esta ocasión no.

Algo que me llamo la atención es el precio de los vehículos. En coches (carros o autos) no averigüé mucho, pero en motos si. Como siempre pasé por la Harley Davidson que antes estaba cerca de la Clínica Alemana por Manquehue y ahora está en la misma Vitacura, pero en la avenida Padre Hurtado. Es una tienda preciosa con gran variedad de motos y artículos de la marca, pero con los precios se pasan tres pueblos. Motos que en España cuestan 32 mil euros nuevas la ví allí en 51 mil dólares (unos 46 mil euros). Una gorra que en España vale 15/16 euros en Santiago sale por 37. Una camisa sencilla, franela, no baja de 42 euros y yo aquí hace poco compre un suéter manga larga, grueso, por 50 euros. Si algún día me voy a vivir a Chile prefiero pagar el trasporte y llevar mi Harley, ahorraré mucho dinero (Jajajaja).

Santiago tiene magníficas avenidas que la cruzan de lado a lado, de oriente a poniente y de norte a sur. Hace años me sorprendí ver la innumerable cantidad de camionetitas (micros le dicen ellos) en las avenidas principales, pero el moderno Metro que cada vez que voy tiene nuevas estaciones, ha aligerado algo el tráfico rodado. Hace pocos años la última estación por el este era la Escuela Militar y ya llega hasta un precioso lugar llamado Los Domínicos (véase donde está el acento, pues no es Dominico sino Domínico). Sorprendente es la autopista que se construyó bajo el cauce del Rio Mapocho. Un vía de muchos kilómetros soterrada con salidas en distintos puntos.

Otra cosa que me gusta de Santiago es la cantidad de parques que hay por todos lados. No hablamos ya del Parque Araucano, una extensísima planicie en Las Condes frente al Mall Parque Arauco y los edificios comerciales más emblemáticos, o el Parque La Reina por poner algunos ejemplos, sino de que en cada zona residencial, en cualquier calle, hay parques infantiles bastante extensos con mucho verde y aparatos de distracción para niños (columpios, toboganes, etc) así como de musculación para adultos; hay cientos de ellos.

Y por último (para no extenderme más) quiero hablar de fútbol. El campeonato interno chileno tiene muchas emociones. Vi los partidos Universidad Católica-Audax Italiano,  Iquique-Universidad de Chile y Universidad Católica-Colocolo. No cabe duda que técnicamente no tienen la calidad de las grandes ligas  europeas más que nada porque sus mejores figuras (Vidal, Alexis, Orellana, Medel, Fernández, Bravo, etc) juegan fuera, pero en pasión, emoción, entrega, ánimo, festividad no le envidian nada a nadie. Partidos jugados a pleno ritmo, con jugadores y público entregado. Emocionantísimos y con bastante calidad, con engramados perfectos, canchas bien mantenidas. Lo peor de todo fue un altercado en el partido Universidad Católica-Audax Italiano en San Carlos de Apoquindo, sede de la Católica, donde Sebastian Pol, argentino de Audax, saltó a la tribuna para agredir a un aficionado. No excuso bajo ningún concepto al jugador que será suspendido varias fechas y se expone hasta a ir preso (ya pasó una noche en comisaría) pero el aficionado no se puede ir de rositas. Siempre he mantenido que la entrada de fútbol no dice en ningún lado que en su precio incluya poder insultar, vejar, escupir, maldecir a nadie. Y el aficionado causante de los hechos, un muchacho treintañero (ningún niño) de clase media alta, al parecer tiene antecedentes por siempre ir al campo a armar bronca. Parece ser que durante un año le prohibirán ir al estadio e inclusive las autoridades lo van a investigar por su disposición constante a crear incidentes. Bien hecho, el jugador que pague su falta, pero al fanático (no aficionado, sino fanático) que le metan un buen puro para que aprenda. Curioso en San Carlos de Apoquindo que en los corners hay unos empleados del club con unas grandes sombrillas para proteger a los jugadores cuando van a tirar un saque de esquina. Los aficionados, muy cercanos al campo, les tiran de todo a los rivales. En una de las esquinas alojan a la hinchada visitante y también está el “paragüero” para proteger a los suyos.

De regreso a España la pasada en avión sobre Los Andes y sus nieves perpetuas y el Aconcagua allí cerquita, es una vista espectacular. Las casi 14 horas hasta Madrid son peores que las de ida: en aquel caso vas con la emoción de encontrarte con la familia que llevas tiempo sin ver,  en éste el regreso a la cotidianidad. Lo bueno es que en cualquier momento vuelvo a Chile no más y la próxima vez creo nos vamos a animar a ir a Isla de Pascua con los nietos mayores.

 

Por último, me gusta el saludo chileno: ¿Cómo estai?

 

 

 

Comment on “Viaje a Chile: Los cambios que he visto en 16 años visitando ese país.”

  1. Me pareció muy bueno su artículo, bastante descriptivo.
    La próxima vez que venga creo que debiera conocer el “lado B” de Santiago que existe en todas las grandes ciudades del mundo.
    A pesar que los gobiernos han intentado erradicar los distintos lugares (campamentos) no se ha logrado porque casi de inmediato nace otro. Quizás jamás se logre, pero al menos algo se ha hecho.

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