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Luchó por la libertad, la Stasi lo mató

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El muro de Berlín acabó con muchas vidas, con miles, pero quizás una de las que mayor repercusión tuvo fue la de Lutz Eigendorf, un futbolista nacido en la parte comunista, en lo que se llamó  República Democrática de Alemana (RDA) y que buscando libertad se fue a la Alemania Federal donde después de unos años lo liquidaron.

Eigendorf fue uno de los mejores jugadores nacidos en la Alemania Democrática (a mi eso de “Democrática” me causó mucha risa toda la vida) y llegó a adquirir tal prestigio que lo llamaban el “Beckenbauer del Este”, una evidente exageración pero que da una idea de sus condiciones como futbolista. Pertenecía al famoso Dynamo de Berlín, el mejor equipo de la RDA de aquel tiempo. En los 50 absorbió a los mejores jugadores del Dinamo de Dresden para que fuesen los berlineses los que dominasen con comodidad el campeonato alemán y surtiesen de títulos a los caprichosos dirigentes de la Alemania comunista.

Detrás de todo aquel montaje estaba la famosa y temida Stasi, la policía secreta alemana, el Ministerio para la Seguridad del Estado y su director Erich  Fritz Emil Mielke. Este siniestro y maligno personaje tenía claro que el deporte era un instrumento propagandístico de primer orden y el Dynamo de Berlín resultaba esencial en esa tarea. Prueba de ello era que el propio Mielke presidía el equipo de fútbol Aún estaba cercano el recuerdo de la mayor gloria de sus selección, el triunfo ante sus hermanos y vecinos de la Alemania Federal en el Mundial del 74; el bloque comunista se había llenado de honores con aquel gol de Jürgen Sparwasser “que hizo morder el polvo a los capitalistas del oeste”. La Stasi tenía muy claro que potenciar el Dynamo de Berlín era besar el cielo con las gestas deportivas.

De ahí que continuamente buscaban partidos con equipos del resto de Europa para exportar sus ideologías políticas. El Dynamo de Berlín era básico en la propaganda roja y a Eigendorf, su estrella máxima, se le trataba con mimo, como una gloria deportiva/política. Era un jugador además de guapo, limpio, con buena técnica  y capacidad de mando en el terreno de juego. Pero había un problema: Eigendorf estaba cansado del modo de vida en la RDA, de la presión de la Stasi, del control obsesivo sobre todas las personas y cosas y de que entre vecinos se espiaran y denunciaran.

En marzo de 1979 el Dynamo cruzó el famoso Muro para jugar un par de partidos amistosos contra equipos de la otra Alemania, “la mala, la depravada” como pregonaba la propaganda comunista. En el viaje de vuelta a casa, el autobús se detuvo en un pueblo y Eigendorf, aprovechando un descuido de los carceleros de la Stasi que los acompañaban a todos lados, salió corriendo y se montó en un taxi que lo alejó para siempre de su vida anterior, de una vida en la que las ideas no servían para nada. El futbolista fue acogido de inmediato en la Alemania Federal  mientras en el otro lado del Muro se silenciaba el hecho; la prensa ni lo mencionó.

La noticia causo un ataque de cólera en la Stasi, destituyeron a los agentes encargados de cuidar al equipo y los mandaron a la cárcel. Especialmente Mielke se puso como un basilisco, no estaba dispuesto a soportar que nadie se riese de él y del sistema de su país. Se la juró de inmediato y se dijo que no cejaría en su empeño de acabar con él. Por su parte Eigendorf no tuvo problemas para conseguir trabajo gracias a su calidad como futbolista. Al poco tiempo fichó por el Kaiserslautern y comenzó a disfrutar de los lujos y la libertad que le ofrecía su nueva vida.

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Una formación del Dynamo de Berlín, instrumento de propaganda de la Alemania comunista, con Eigendorf en sus filas.

Sin embargo no era completamente feliz: en Alemania del Este habían quedado su mujer y su hija que estaban bajo acoso y control estricto de la Stasi que trataba por todos los medios de forzar a Eigendorf, convertido ya en un símbolo, a regresar a casa.  Incluso anunciaron su divorcio y crearon una historia de que la mujer había pedido el divorcio y una vez concedido se iba a casar con otro hombre. Cualquier cosas con tal de desesperar al futbolista y hacerlo volver a la disciplina de Dynamo de Berlín y de sus autoridades comunistas.

Pero que va, el futbolista a pesar de las exageradas presiones se mantuvo firme durante todo el tiempo y buscó con la ayuda de su nuevo club la manera de sacar a su familia de aquel régimen de terror y hambre, pero la Stasi ejercía una vigilancia total, un control extremo las 24 horas del día, seguía todos sus paso y resultaba imposible lograr que traspasaran el Muro. Pasaron los años y Eigendorf endureció su discurso contra el Dynamo de Berlín, contra la Stasi, contra el régimen comunista de la RDA. Le desesperaba seguir lejos de aquellos a los que más quería y sus palabras en la prensa libre retumbaban cada día  tras el Muro de terror.

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Así quedó el Alfa Romeo después de “chocar” contra un árbol

 

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Dicen que el índice de alcohol en sangre de Eidenhorf dió 2.2, cosas rara para un hombre que no bebía.

Cuatro años después, el 8 de marzo de 1983, los noticieros alemanes abrieron con una noticia estremecedora: Eigendorf había muerto a los 26 años después de estrellar su Alfa Romeo contra un árbol. Se dijo inclusive que su sangre presentaba un índice de alcohol de 2.2, algo que extrañó a buena parte de su entorno que sabía que el jugador no solía probar el alcohol como correspondía a un gran profesional como él. Crecieron los rumores y se alimentaron toda clase de leyendas sobre la verdadera causa del accidente. La prensa estuvo mucho tiempo tras la noticia, aunque sabemos que los años hacen olvidar y al no poder aclarar nada quedó simplemente en “un accidente normal de carretera”.

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El verdugo Erich Mielke, Director del Ministerio de Seguridad de la RDA, fue el que dijo “Maten al traidor”

Pero todo quedó claro mucho después, cuando Eigendorf era ya poco menos que un recuerdo, cuando solo su mujer, hija y demás familiares seguían recordándolo. Tras la caída de vergonzoso Muro y la desclasificación de buena parte de los papeles de  la terrorífica Stasi, se encontró su expediente en el que figuraba una consigna clara: “Maten al traidor”. En los documentos aparecían todas las pruebas que demostraban que el accidente de tráfico había sido un montaje utilizado por los agentes de la Stasi para disimular su asesinato. Era un secreto a voces, el siniestro Erich Mielke (nacido en Berlín en 1907 y fallecido en la misma ciudad en el 2000) había prometido venganza y acabó por cumplirla matando a Eigendorf, “El Beckenbauer del Este” que no aceptó vivir bajo cadenas y solo buscó volar libre sobre los campos de fútbol que estaban tras aquel ignominioso Muro.

 

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