15 días en Venezuela II

a caracs 3Con mi crónica de ayer, batí todos los récords en el blog comentareyesalamo.com. Más de mil lecturas desde 24 países, entre ellos Tailandia (¿quién me puede leer por esos lares?), Australia, Rusia (¿?), Nueva Zelanda (¿?), Suiza, Francia, Reino Unido, Israel, Suecia… y muchos de España, Venezuela y Estados Unidos especialmente. ¿Hay venezolanos en todos lados?
Muchos me han escrito y me han felicitado, otros me dicen estar de acuerdo conmigo pero me reclaman que fui demasiado ligh, que no critiqué la situación al extremo de desastre que es, que lo analicé someramente sin entrar en profundidades.
Debo volver a resaltar que lo que yo cuento es lo que vi, lo que viví, lo que sentí. No estuve por los lados de los llamados sectores peligrosos como pueden ser el 23 de Enero, el Guarataro, el Cementerio, Petare, etc. Solo por donde yo anduve, por seguridad personal, como fue el Este de Caracas.
Me escriben y dicen que hay escasez de piezas de vehículos, que si se daña un motor o hay un accidente, el carro puede pasar meses en el taller. Si, pero yo no tuve necesidad de comprar ningún repuesto. Bueno, mentira a medias porque dos días antes de ir a Venezuela mi hijo me pidió que le llevara dos bombillos y las pastillas de frenos del carro que allá tenemos, que los necesitaba y no los conseguía. Igualmente para una moto que posee tengo que llevarle filtros de aceite, aire y a veces hasta las tripas (neumáticos para los que no conozcan el argot venezolano). Verdad como un templo, no hay repuestos suficientes y menos habrá en la medida que no haya dólares para importarlos, pero ese problema yo no lo viví porque no necesité de ello.
Lo que si hay que recalcar, es como me dice otro buen lector y amigo, que hay una especie de toque de queda: cuando comienza a obscurecer ya todo el que puede se mete en su casa. A mi, como dije, me agarraba a veces la noche fuera de donde estaba alojado, y en el camino iba mosca, atento a cualquier incidencia. El temor se respira en el ambiente, y ya al llegar a la casa tenía que llamar de donde había salido (casi mi suegra, hermanos, amigos) para decir que había llegado bien.
Me cuenta una amiga, Sandra Rodríguez, una preciosa cantante de origen portugués que conocí junto a su hermano aquí en Tenerife, que en el interior la cosa es peor. Que los anaqueles de los supermercados están vacíos, y que los que se hallan llenos es con productos del mismo tipo: mucha pasta de dientes, o macarrones, servilletas, o lo que sea. Pero como yo no estuve en el interior no lo pude contar.
También otro amigo me cuenta de lo ruin que se ha vuelto la gente, que cuando un camión de lo que sea se voltea, aprovechan para saquearlo. Eso no es de ahora, es de toda la vida. Los que viven en las orillas de la Autopista Regional del Centro, siempre han sido unos desalmados. Me acuerdo hace muchos años cuando el accidente de Renato Capriles de Los Melódicos, la joven que iba con él muerta y él malherido y los que se acercaron en vez de ayudarlos, les robaron todo. También muchas veces se oyó de gente a la que les cortaban el dedo para poder sacarles el anillo. Eso no es de ahora, eso ha sido siempre así, aunque en estos momentos el número de saqueadores es mayor.
En cierta ocasión en la carretera de Las Minas de Baruta, allá por los 80, se volteó un camión de Polar con cerveza. Mi hermano Toño acudió al lugar del accidente enviado por la compañía de seguros a hacer el peritaje, y siempre contaba como se paraban carrazos LTD, Mercedes y de otras buenas marcas y los señores hasta con traje y corbata se bajaban y cargaban sus cavas sin el menor pudor. Hay gente que lleva en el alma que eso no es robar, que eso es innato a “la viveza criolla, al pájaro bravo que los que nacimos o vivimos en esa tierra llevamos por dentro”. Otra vez, cuando el Caracazo del 89, un conocido mío, canario, dueño de una gran empresa, luego alto directivo de un banco, después de ver como le destrozaron su empresa por los lados de Sarría, de vuelta a casa observó como estaban saqueando el Vam en la Andrés Bello: un tipo entraba y salía con cajas de whisky que ponía en la acera. Pues bien, este amigo mío, dándoles tintes de chiste y proeza junto, me contó que paró el carro al lado de la acera, se bajó, abrió la maleta y cuando el que sacaba el licor entraba para traer más, él le quitó tres cajas de Etiqueta Negra (o de Old Parr, no recuerdo, que para el caso es lo mismo).
¿Cómo lo ven? Estos de llevarse lo que no es de uno si se pone a tiro, ha sido siempre un modus vivendi de mucha gente que no ve en ello delito sino, repito, viveza.
En fin, que las cosas en Venezuela andan mal, muy mal, pero hay que tener fe en que algún día podremos salir de esto. Dice el refrán que no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. Pero muchos males de Venezuela no son de ahora, son de vieja data.
Ah, algo que se me olvidó en mi crónica inicial fue el tema de un programa que vi (no más de 15 minutos) en VTV, aquel canal del que yo formé parte por 25 años. Este espacio llamado “Zurda conducta” es la aberración más grande que yo he visto en mi vida en una pantalla: dos sujetos con pinta de marginales, uno con gorra de pelotero y el otro con una bufanda palestina al cuello, diciendo groserías de alto calibre, burlándose de los opositores, sembrando odio en cada palabra; resentimiento duro y puro. Esa es la mejor manera de dividir a un país. Palabra que si me encuentro en la calle a cualquiera de esos dos sujetos una vez terminado el programa, les reviento la cara. No se puede ser tan inmoral y sinvergüenza, ni usar los medios para ese fin. Pero la culpa no es del mono sino de quien le da el garrote, y si ese par de mentecatos dicen lo que dicen, es porque desde arriba los impulsan a ello.

 Realmente enternecedor a la vez que patético fue ver en televisión, creo que encadenados Tves, VTV y el canal de la Asamblea, a Diosdado Cabello, en el presidium de la AN, rodeado de sus diputados pelota (Pedro Carreño especialmente) llorando a coro porque The Wall Street Journal dijo que era el capo de Cártel de los Soles. Una larga perorata con lloros, gemidos, quejas, amenazas, ridiculeces. Y es que ocupan los medios de comunicación, propios y ajenos, a su total discreción, cada vez que les da la gana, ya sea para asuntos de estado o como en este caso, para temas propios y que solo a ellos atañen. El uso de los medios es total, abusivo, a cualquier hora y por cualquier pendejada.

2 opinions on “15 días en Venezuela II”

  1. excelente dos cronicas sr reyes, la primera fue objetiva en base a lo que usted vivio o necesito, aunq dejo de lado ciertas cosas,siendo algo benevolente, la segunda mas directa y menciona las cosas que no vivio. Vivo en puerto ordaz, sur de venezuela, (para su referencia futbolistica, seguro se acuerda, sede del equipo profesional mineros de guayana), la situacion es similar a caracas en cuanto a la escasez de articulos de comida, aseo personal, pañales, repuestos de carros y afines…. ese cuento que en caracas se siente menos escasez, era cierto hace 2 años,ahora es igual en todas las ciudades de venezuela, donde la escasez se puede sentir mas ruda es en los pueblos de venezuela

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