Dichos y hechos de la vida misma

Ya habíamos adelantado que este blog no es solamente para tratar temas de deportes sino generalidades, en algunos casos curiosidades, anécdotas, cosas de la vida, dichos, refranes, el por qué de las cosas. Siempre he sido muy aficionado a conocer de donde proviene o se deriva una palabra, cual es el origen de una expresión, de un refrán, de un hecho, etc. Pues bien, no todos los días, pero si de vez en cuando vamos a centrarnos en algo que está ahí, que todos lo vemos, sentimos, decimos, hacemos pero que pocas veces nos hemos preguntado de dónde procede.


Y comenzamos con algo que todos sabemos lo que significa pero que quizás pocos conozcan su origen:

cuernos vikingos

Poner los cuernos

Seguro que alguna vez has empleado la expresión “poner los cuernos” para decir que alguien ha cometido una infidelidad a su pareja o, por extensión, a alguien a quien debía algún tipo de lealtad.
Según algunos, fueron los vikingos quienes dieron pie a la expresión, allá por la Edad Media. Por aquel entonces, los jefes más poderosos tenían derecho de pernada (relacionarse íntimamente con la mujer que quisieran) sobre las féminas de su zona de influencia, estuviesen casadas o no.
Cuando estaban solos con ellas hacían saber a sus vecinos que se encontraban ocupados -y no querían ser molestados- colgando sus característicos cascos (con cuernos, claro) en la puerta del hogar donde estaban “retozando”.
Sin embargo para otros fue en España en el siglo XVI donde empezó a “ponerse los cuernos”. Entonces comparar a alguien con un carnero era algo así como llamarle tonto o bobo, por lo que si a una persona le ponían los cuernos, era sinónimo de que le estaban tomando el pelo y pasaba a ser blanco ideal para burlas y escarnio de sus paisanos.
Cuernos vikingos o cuernos de carnero, dos explicaciones que suenan lógicas para conocer de donde viene el “poner los cuernos”.

anillos de bodas

Los anillos de boda

Estoy sentado frente al ordenador (computadora para mis amigos del otro lado del Atlántico) y veo que en mi mano izquierda, en el cuarto dedo, el llamado anular, tengo el anillo de matrimonio, de boda, de casado, pues. Ahí está el primer detalle, el dedo se llama anular porque ahí está el anillo (¿lo cogen?). Bueno, pero ¿por qué el anillo o alianza, sortija, que en verdad tiene varios nombres, va en ese dedo? Los antiguos romanos creían que la vena de este cuarto dedo de la mano izquierda llevaba directamente al corazón. Ellos llamaban a esta vena la vena Amoris, es decir “la vena del amor” y ya desde el año 750 a.C. se supone que las parejas tenían por costumbre intercambiarse anillos que se ponían en ese dedo. Como con tantas otras tradiciones romanas, los primitivos cristianos hicieron suya esta, adjudicándole un ritual propio. El novio tenía que recitar, mientras tocaba cada uno de los dedos de la mano izquierda de su inminente esposa: “En el nombre del Padre (pulgar), del Hijo (índice) y del Espíritu Santo (corazón), Amén (anular) (y ahí introducía el anillo).
Otra curiosidad, el anillo de bodas se coloca en el señalado dedo, cuarto de la mano izquierda en la mayoría de los países occidentales, excepto en algunos como Austria y Polonia, en donde se pone, vaya usted a saber por qué, en la mano derecha. Lo mismo sucede en la India.

Y por hoy está bueno, poco a poco. Hay mucho por ahí, pero la idea no es cansarles sino que disfruten de estas pinceladas “goteadas” de cosas que no sirven para nada saberlas pero que llaman la atención. El saber no ocupa lugar, como se suele decir.

3 opinions on “Dichos y hechos de la vida misma”

  1. Muy interesantes tus explicaciones, podrías escribir un libro de estos temas, un refranero popular o algo así, esos libros gustan mucho, un abrazo y éxito

    1. Gracias por tu comentario, amigo “anónimo”. La verdad es que libros de sobre estos temas hay muchos. Precisamente de uno de ellos (tengo varios) entresaco cosas interesantes y que sé que a los amigos lectores les pueden gustar.

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